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EXCESIVAS EMOCIONES, Cap. 21Capítulo XXI EXCESIVAS EMOCIONES La templanza es el mejor antídoto contra la soberbia (proverbio de un chino que nunca dijo nada)
Tomada la decisión de organizar una exploración previa a la partida de nuestros amigos buscando unos lugares “seguros y limpios” donde acampar en esa etapa a recorrer hasta que alcanzasen el campamento sede de los cosacos, Pipino resumió la situación en pocas palabras:
— Nuestro propósito es alcanzar en un par de jornadas el campamento base de Igor y sus cosacos. Tres de nuestros enemigos pretenden emboscarnos, según sabemos por nuestro prisionero. Ricardo afirma que Pitoff, el cosaco, es el hombre que vio en la hospedería de Serapio y que éste también le comentó que un caballero templario y su escudero buscaban información sobre la salud de su regio padre.
— Luego, tú me sacas del interrogatorio para decirme que detectas algo a unas doscientas toesas en dirección noroeste y cuando llegamos, vuelves a oliscar y te quedas pensativo y oliscando en dirección sur y solo en esa dirección. Isabelito ¿dónde vamos?
— Jefe, ¡no te lo vas a creer! Muy cerca de donde estamos nosotros está Boris, el caballo del Príncipe Igor. Conozco bien a Boris, sé que está muy cerca de nosotros y que ese no se deja montar por nadie que no sea el Príncipe Igor.
— Estoy harto de sorpresas, Isabelito. Busquemos un lugar donde podamos pasar inadvertidos.
Hallado el lugar apropiado y a cubierto de la dirección del viento, descabalgó y esperó ballesta en ristre.
Cuando apareció Pitoff, seguido de Igor, antes que Pipino tomara la decisión de dar un paso al frente para saludar la presencia de ambos con una reverencia, tal vez un poco exagerada dadas las circunstancias, tuvo que escuchar en un susurro la imprecación que le dedicaba Isabelito: — ¡Hombre de poca fe! ¡Dudar de la eficacia de tu caballo!
— ¡Buenos días caballeros! — dijo Pipino a los recién llegados— Tengo la satisfacción y la alegría de contar con fieles amigos a los que no me duele reverenciar.
La sorpresa del encuentro quedó reflejada en los semblantes de Igor y de Pitoff, quienes, sin respeto al obligado protocolo de cortesía, echaron pie a tierra y abrazaron afectuosamente a Pipino.
— Háganme sus mercedes el honor de acompañarme, — les dijo éste — si lo tienen a bien. Estaba a punto de emprender la marcha para incorporarme al grupo, en busca de un lugar seguro donde acampar. Mi caballo nos servirá como eficaz rastreador y guía. ¿Hacía donde vamos, Isabelito? — concluyó Pipino.
Silenciosamente Isabelito, olisqueó el ambiente en varias direcciones y, a buen seguro que recordando la trifulca que se organizó entre las huestes cosacas cuando Pipino le mandó como mensajero (anécdota recogida en el capítulo V de estas memorias), se limitó a dejarse montar y emprender la marcha en una determinada dirección.
Pronto dieron alcance al grupo que capitaneado por Joseph que marchaba hacia el punto determinado la noche anterior, ya situado en territorio del Reino de Tomerlandia. Pipino se adelantó informando a los componentes de la caravana del feliz encuentro con Igor y su acompañante, dejando para más tarde las presentaciones.
La misión de Isabelito como rastreador, obligaba a Pipino a alternar su posición en la caravana, cuyo lento avance se debía a las dificultades que el terreno presentaba al carromato de Ricardo.
Pasado el mediodía, alcanzaron el punto teórico tras el pase fronterizo. Cerca de allí una formación rocosa en un altozano de un bosque, les ofrecía una posibilidad ideal de defensa, siempre que tuviesen acceso a suministrarse de agua. Explorando el contorno hallaron un riachuelo cubierto de vegetación. Procedieron a limpiar una zona y comprobaron que el agua no estaba estancada. Los animales oliscaron el agua y sin ningún reparo abrevaron, lo que en cierto modo, era una garantía de salubridad.
Joseph Creucer era el único personaje desconocido para Igor y Pitoff, descartando al soldado herido que, lógicamente, era considerado como un prisionero. Tras la presentación, la conversación derivó sobre los acontecimientos vividos por Pipino desde que éste se embarcó rumbo a Alejandría, su estancia en el oasis de Bahariya, la formación de la comisión de sabios, destacando el proyecto de una posible constitución de una empresa dedicada a la fabricación de armas defensivas adaptadas a buques mercantes.
El accidentado regreso, los preparativos del rey Jaume para invadir Mallorca y el frustrado intento de asesinato de Pipino, cuyo resultado fue el trato humanitario dado al “prisionero” que pretendiendo atentar contra Pipino, resultó herido; concluyendo con el compromiso adquirido por del principe de volver al oasis de Bahariya, una vez solucionada la crisis de gobierno en Capachota.
A su vez Igor aportó noticias recientes sobre golpe de estado organizado por el Jefe Marciano en complicidad con el llamado Silvero de Maidreste que se autonominaba “Baronet” y actuaba como Edecan de su Majestad Pacota IV.
Tales noticias ya habían sido recibidas por conducto de Ricardo, como, sin duda, recordarán los lectores.
— ¿Cómo sigue mi real Padre?
— Sin problemas de salud, pero prisionero en su propio palacio — respondió el príncipe Igor.
La experiencia náutica de Joseph y su capacidad de improvisación le permitió efectuar unas mediciones y determinar con cierta aproximación, que la ciudad de Casteltoma figurada en su mapa, distaba a unas cuatro leguas de donde se hallaban.
Y era en Casteltoma, capital del Reino de Tomerlandia, donde residían los reyes Tomerino y su esposa Guendalina, de quienes Pipino guardaba tan gratos recuerdos por la recepción regia, y también popular, de que fue objeto a su regreso triunfal tras haber ganado la “Laureada Corona Aizcolari”.
Su actual situación distaba mucho de ser la de aquel despreocupado joven atleta de entonces. Las circunstancias le habían hecho madurar y ocuparse del estado moral y físico de su familia. Afortunadamente aun contaba con la ayuda de sus amigos que le estaban demostrando continuadamente el aprecio que sentían por él.
— Estaba pensando si sería oportuno visitar a los reyes de Tomerlandia y solicitar asilo y ayuda.
— No sé qué decirte — opinó Igor — En cierto aspecto es un obligado protocolo, pero debes considerar que de no tomar severas medidas, tus enemigos lo sabrán inmediatamente y tratarán de neutralizarte o hacerte desaparecer. Pasemos discretamente hasta llegar a nuestro campamento y allí planearemos nuestras actuaciones. Entre la población capachota hay mucho descontento y, entre otras acciones, nos conviene incrementar esa situación que nos favorece… añadiendo:
— Ellos tienen espías por todas partes. Nosotros tenemos agentes y colaboradores a los que debemos recordar que si ganamos la partida, todos los habitantes de Capachota serán beneficiados.
Una vez asentado el improvisado campamento, se imponía la preparación del condumio, atender a los animales de tiro, seguir el proceso de curación del herido y estar atentos para repeler cualquier intento de asalto de la acampada, con la finalidad de secuestrar o asesinar al prisionero.
Igor planteó actuar sin demora trasladando al herido a su propio campamento, en cuanto anocheciera. Su estrategia suponía tomar las siguientes medidas:
■ El traslado tenía absoluta prioridad. Lo harían a campo través por unos lugares que tanto Igor como Pitoff, conocían palmo a palmo.
■ El lugar de la acampada sería acondicionado para resistir posibles incursiones. Se montaría un señuelo, cerca del carromato, desde donde se vigilaría, consistente en una parihuela ocupada por un simulado cuerpo humano.
■ Para reforzar su capacidad de defensa les cederían una nueva ballesta y unos petardos, para cuyo uso debían disponer de un candil, o una pequeña hoguera, permanentemente encendida.
■ Establecer turnos de vigilancia y asegurar bien las bridas de las caballerías no fuera que de usarse los petardos, su estruendo diera origen a una espantada.
Y, finalmente,
■ Les entregó sendas cotas de malla con subarmalis acolchado, recomendando que se acostumbrasen a usarlas, que aun incómodas para acostarse con ella puesta, eran muy efectivas como protección.
Igor se comprometió que antes de levantarse el siguiente día, ya habrían regresado con un pelotón de refuerzo.
Concluyó su exposición recordando el proverbio latino “Si quieres vivir en paz, prepárate para la guerra“. Frase que como cierre de su disertación, daba al ponente un cierto aire de intelectualidad.
No hubo ninguna objeción a su propuesta y en consecuencia todos se pusieron manos a la obra.
Con las últimas luces del día, antes de emprender la marcha, Pipino cabalgando a Isabelito hizo un recorrido en torno al lugar de acampada sin detectar ninguna anomalía. Con esa confianza se puso en marcha la caravana integrada por Boris, montado por Igor, Volba montado por Pitoff y entre ambos el pollino portador de la parihuela con el herido, al que previamente amordazaron y cubrieron sus ojos.
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