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LA BATALLA FINAL, CAP. 23CAPÍTULO XXIII
LA BATALLA FINAL
El camino a la libertad.
Una vez llegados al campamento cosaco, sin ocurrir otra incidencia digna de mención, después de los saludos afectivos de recepción entre los componentes del grupo, celebraron una reunión para planificar sus próximas actuaciones. Después de deliberar y discutir, se decidió dar prioridad a la liberación del rey y la reina de Capachota, padres de Pipino, que se encontraban prisioneros en su propio palacio. La mayoría decidió repetir el mismo sistema que se había utilizado con tanto éxito en otra ocasión. El procedimiento se basaba en utilizar el aparato volador inventado por los cosacos, cuyo diseño había sido mejorado durante todo ese tiempo por el príncipe Igor para que el despegue y el aterrizaje del artefacto se hicieran con mayor seguridad y precisión. Asimismo, se había mejorado notablemente la fabricación de la pólvora con la que podrían lanzar descargas desde el aire para así, mientras durase el bombardeo, asaltar el castillo y liberar a los egregios padres de Pipino. Mientras tanto un destacamento de cosacos tomaría como prisioneros al falso baronet y a su compinche que, como era bien sabido por encuentros anteriores, eran más traidores que valientes, Cuando iba a concluir la reunión, uno de los cosacos dio aviso a ambos príncipes de la presencia en el bosque de los caballeros cruzados del castillo de Miravet, enviados expresamente por el caballero Joan de Serralta, que había asumido provisionalmente la responsabilidad de la comendatura en tanto no se reuniera el cónclave que nombrara al sucesor del difunto comendador, para prestar su incondicional apoyo para conseguir la liberación de los Reyes legítimos de Capachota. Isabelito, que no perdía detalle de la importante reunión escuchando fuera desde la ventana, metió cabeza por la puerta abierta y llamó la atención a Pipino con el método habitual de los caballos, relinchando y escarbando la tierra de la entrada (recordad que Isabelito no podía hablar en público, dado que los caballeros templarios desconocían su prodigiosa habilidad secreta). Pipino, al ver a su caballo tan inquieto, se apartó de la reunión y le preguntó en un aparte: –Isabelito, ¿qué te sucede? –Jefe, no digo nada en público, porque recuerda el lío que se formó cuando me mandaste con el recado de que no hicieran tanto ruido los cosacos. (véase capítulo V). Te quería sugerir que la comunicación al pueblo de la inmediata liberación de tus egregios padres, sus Majestades, se haga una vez estén liberados y sanos y salvos, y no antes para que no corran riesgos innecesarios. Así, una vez más Isabelito dio muestras de su racionalidad. Discutido este punto entre Pipino y el príncipe Igor, acordaron hacerlo así e informar a los caballeros cruzados del proyecto, indicando la posibilidad de que los caballos pudieran colaborar en el ataque y defensa de la posición. Llegaron al acuerdo de que fuera Ricardo, el chamarilero, muy conocido por su oficio en la ciudad, quien preparara a la población para evitar el caos que podía organizarse con el ataque. Para mayor seguridad, iría protegido por el caballero cruzado y su escudero enviados allí expresamente por Joan de Serralta, al que habían informado de la situación en que se hallaba el rey y de los excesos del falso baronet y de Marciano, jefe de las fuerzas militares, y los agravios sufridos por el pueblo. Llegado el momento que consideraron adecuado para un ataque nocturno, desplegaron todo su potencial según la estrategia acordada, incluyendo un cañón de fabricación casera empleado para derribar más fácilmente las defensas del ejército. Muchos soldados aprovecharon para desertar y ayudar a los asaltantes y de esta forma se capturó al falso baronet y a su compinche Marciano y a los militares desleales, que fueron reducidos y encerrados hasta que la justicia actuara. Las noticias de la liberación de los reyes, la presencia de Pipino y sus amigos y la captura del baronet fueron recibidas con muestras de euforia y gratitud puesto que ello suponía que muchos injustamente desposeídos recuperaran sus bienes y que la paz volviera a reinar en el pueblo. Comments (13)
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