Pedro's profileEl Blog del Caballo Isab...PhotosBlogListsMore ![]() | Help |
HOMENAJE A PEDRO MONTOLÍ VALL (1924-2009)Nuestro padre es un excelente y entrañable abuelo: sus cinco nietos y especialmente los padres de sus nietos no dudarán en afirmarlo. Una persona íntegra, comprometida hasta el final con la realidad (en la asociación de mayores de telefónica) y con la fantasía (¿quién se lo va a decir al querido caballo Isabelito, el primer caballo parlante de internet?). Sus amigos fieles de toda la vida, sus familiares y las personas que lo conocieron y lo cuidaron en esta etapa final darán fe de ello. Joaquim, Bernat y Adela han tenido la suerte de disfrutarlo. Cuando tengamos que explicar a Hug y a Martí quién era su abuelo, sólo podremos sonreír y explicar cientos de anécdotas e historias maravillosas de su abuelito. Aunque también me gusta imaginarme a nuestro padre en su aventurera juventud, con esa imagen de galán melancólico, extremadamente delgado, quijotesco, holmesiano o transilvánico, de perfilado bigote y mirada inquisitiva que hemos visto en hermosas fotos antiguas, un joven seducido por el cine y el cómic (con sus amigos filmó una película sobre la santa misa y editó una efímera revista para niños y jóvenes llamada Potosí), o también como un alocado inventor que finalmente se decantó por la incipiente ciencia y tecnología de la época, la electrónica y la telefonía, que convirtió en su oficio al sentar la cabeza y casarse. Entonces nuestra madre y él formaron una familia, tuvieron la extraña y feliz idea de criar a cuatro hijos y dedicaron todo su tiempo y energía a sacarnos adelante y, pese a todas las dificultades que surgieron (y surgieron unas cuantas, especialmente en forma de enfermedades), a procurar que creciéramos en la dirección correcta. Quizás en esa etapa sus hijos le podríamos reprochar que trabajara demasiado pero gracias a su esfuerzo estamos todos aquí y su intención siempre era noble y honesta. Creemos firmemente que nuestro padre es un ejemplo de honestidad y nobleza, de bondad y laboriosidad, de sabiduría y de verdad, y ésta es una de las más poderosas razones por las que no debería morirse. Ahora que sé lo que significa, puedo decir que la palabra “papá” está de duelo y jamás volveré a utilizarla sin que se produzca en mis labios y en mi alma una brisa agridulce de tristeza y de agradecimiento. Gracias, papá. I com diu l’Adela: “Iaio, que t’ho passis molt bé al cel”.
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